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martes, 9 de julio de 2013

Curso de verano en casa

No recuerdo haber estado nunca en un curso de verano cuando niña, de hecho fui pionera en este prominente negocio hace ya 20 años cuando ganaba mis primeros sueldos nada más salir de la escuela secundaria.

Lo hacía por gusto, ni siquiera me pasaba por la cabeza la idea de que con el paso de los años las madres pondrían a sus hijos en lista de espera para talleres de tan amplia variedad.
Cuando era niña las vacaciones pasaban con calmada lentitud. Saboreábamos el pasar de las horas jugando, visitando a los abuelos, viajando trayectos de hasta un día, para llegar a la playa, todo eso sin dvds en el coche ni juegos electrónicos portátiles.
Hoy muchas mamás parecen urgidas; mal salir de la escuela ya están buscando otro espacio para depositar a sus hijos. Muchos de ellos continúan en su misma escuela cursando extensiones de su ciclo escolar.
Algunos padres lo hacen porque ambos trabajan, otros simplemente porque no saben convivir con sus hijos.

Para los primeros, mi absoluto respeto y comprensión. Para los segundos, esto es sólo una invitación.
Nada más salir de vacaciones, mis hijos y yo (tres y siete años), elaboramos un plan. Todo comenzó con una larga lista de “cosas y proyectos que me gustaría realizar”. Revisamos todos los libros de actividades, de ciencia, de manualidades y seleccionamos los que más nos interesaron.
Elaboramos un horario en donde definiríamos las horas de proyectos, trabajo comunitario, ejercicio, jardín, comidas y aseo.

Decidieron también que querían trabajar para sacar dinero y elaboramos una lista de cosas que podíamos hacer para vender.
El verano apenas comenzó, pero el tiempo que hemos pasado juntos trabajando ha sido de gran valor. Noto que nuestros lazos de amor se fortalecen y observo cómo mis niños crecen en experiencia y alegría.

Los invito a que por lo menos planifiquen unos cuantos días de verano en casa juntos, desde reacomodar los juguetes hasta jugar juegos de mesa.
Que tengan lindas vacaciones.

jueves, 14 de marzo de 2013

El espacio ordenado también educa




Cuando mi primer hijo nació me inquietaba el hecho de no tener nada para su cuarto, pero algo me decía que así debía ser, que su habitación iría creciendo de acuerdo a sus necesidades. Así pues me preparé con un bellísimo libro montessoriano que me regaló una generosa amiga. “Montessori from the start”.
La habitación propuesta consistía en un futón a ras del suelo, un cojín con forma cilíndrica y un móvil en blanco y negro. No había cuna y por ende no había barrotes. Y tampoco cambiador a pesar de la cara de sorpresa de mis amigas que hasta calentadores de toallitas húmedas habían comprado. Sólo una repisa de nichos con canastos en donde su ropita se ordenaba de acuerdo a sus funciones. Encima de ella un reproductor de Cds y un canasto con álbums de música clásica.
Conforme fue creciendo, agregué un espejo en la pared, allí pasaba largas horas mi chiquitín descubriendo su cara, sus gestos, su cuerpo. También observaba las luces de colores que refractaba un móvil hecho con cristales cortados en formas de prisma. Descubría los contrastes, el color, las luces, el movimiento.
Cuando comenzó a arrastrarse notó que el mundo no tiene límites. Bajaba solo de su futón para arrastrarse por su habitación, poco a poco fue explorando los confines de su hogar. Entonces coloqué varias imágenes plastificadas a la altura de sus ojos, no más de 10 centímetros del suelo. Veía obras de Van Gogh, Monet, Chagall, durante largo rato. En ese entonces también coloqué un canasto lleno de sonajas y otros instrumentos de percusión a los que acudía con frecuencia para sorprenderse con los sonidos.
Cuando comenzaba a gatear colocamos un toallero a 50 cm del suelo, en donde solía balancearse y jugaba a estar de pie. Descubrió que había otra dimensión. Entonces subimos las imágenes (que ya eran otras), a su nueva altura. Caminaba poniendo sus manitas por todas las paredes de la casa. Por supuesto no había nada que nos preocupara pudiera romper. En el librero familiar ya habíamos colocado en el primer estante todos sus libros y sabía que podía tomar todo lo que quisiera, pues nuestro interés primordial era permitirle que explorara el mundo.
Comía en una pequeña mesa con su silla a su medida, en esa mesa se sentaba a colorear y a trabajar con material sensorial creado en casa. Sus días transcurrían con absoluta normalidad, en casa no había reglas, la disciplina la generaba el orden.
Hoy mis niños tienen tres y siete años y conciben el movimiento como algo natural en la casa. Todo sigue estando a su altura, especialmente en sus espacios de recreación y descanso, en el que los juguetes están clasificados por ellos mismos en diferentes canastos, el de los coches, los superhéroes, los instrumentos, los bloques de construcción, etc.
El que ellos puedan acceder a su ropa, a la vajilla, a los libros, les permite ser autónomos, ordenados, colaboradores y cultos. Toda una preparación que muchos padres dejan para después. Si tan solo supieran que basta un espacio ordenado para ordenar la mente y ejercer la voluntad.








martes, 23 de marzo de 2010

El orden lleva a la disciplina


Entonces comprendí que en el ambiente del niño todo debe estar medido
y ordenado, y que la eliminación de confusiones y superficialidades
engendra precisamente el interés y la concentración.
María Montessori


Cualquier cosa que nosotros hagamos será emulada por nuestros hijos e hijas. Ellos necesitan una referencia para el comportamiento. Es por ello que antes de cuestionarnos porqué actúan en forma errónea o incorrecta debemos mirar hacia nosotros. Si no tenemos disciplina en la vida (orden, horarios, hábitos…), no podemos pedir que ellos la tengan. Si nuestra vida es caótica, la de ellos también lo será.
Si a todo esto aunamos que vivimos inmersos en una sociedad en la cual la armonía pierde valor, en donde hay que correr para “ganar” tiempo y tener mucho para gastar más, en donde la violencia tácita en los medios de comunicación acrecienta nuestra indolencia e indiferencia, resultará complicado, por no decir imposible, conformar un recinto de paz en nuestros hogares.
La respuesta a aquellos padres y madres que deseen procurar ambientes propicios para que el desarrollo de sus hijos e hijas sea sano e integral, está en el cuidado del orden que rija sus vidas.
En otras ocasiones he mencionado que el espacio debe estar adecuado a las necesidades e intereses de los niños, de tal manera que nada sea un obstáculo en su aprendizaje. Pero no basta con comprar muebles a medida o adecuados para generar el orden. A los niños hay que enseñarles a moverse en el espacio con cuidado y respeto. Deben entender que todo en casa tiene una función que se debe respetar y los padres debemos recordárselos con palabras y actos: `esta es una mesa y en ella comemos´, `el sillón sirve para sentarnos, nunca para saltar´. Pero si al ver la tele, subimos los pies a la mesa, el mensaje se contradice y el aprendizaje se coarta.
El movimiento también se educa y este aprendizaje del autocontrol es vital para lograr una buena disciplina. Los recién nacidos aprenden a moverse dentro de un espacio limitado, no se trata de poner barreras físicas sino de enseñarles a controlar su cuerpo. La supervisión, la vigilancia y la protección son de suma importancia en los primeros años de vida. Nuestra labor es ser ejemplo de cómo se sienta correctamente, cómo se abre una puerta, cómo andamos sin tropezar con las cosas. Es muy importante que hagamos un refuerzo verbal y en lugar de decir `Te vas a pillar un dedo, deja la puerta´, a la niña se le indica, la puerta se cierra así (con la acción acompañada) y se le puede ejemplificar el error `si pones la manita aquí, cuando cierre la puerta te puedes pillar´. Esto lo comprende sin problemas un niño a partir de un año. Como verán no sólo es ordenar el espacio sino aprender a moverse en él de manera correcta.
Lo mismo sucede con el tiempo. Una vez marcadas las rutinas, hay que ser respetuosos y consecuentes con las horas determinadas para cada actividad. Si rompemos continuamente el horario, el mensaje que estamos transmitiendo es de inseguridad, de poca certeza, cosa que a los niños atemoriza y violenta. Si por alguna razón el horario se va a romper, es importante que le avisemos a nuestros hijos que un cambio previsto va a ocurrir: ´esta noche cenaremos fuera de casa porque es un día especial y mañana no hay que despertarnos temprano´.
Mientras los niños se habitúan al horario familiar (en caso de que no se lleve de manera natural desde su nacimiento), es importante recordarles qué es lo que sigue, un horario con dibujos es muy ilustrativo para los pequeños.
Los niños y niñas menores de seis años tienen periodos de concentración más profundos que largos, logran sumergirse en una actividad que aún cuando parece repetitiva, tiene una función específica y trascendente, la de lograr la maestría. No podemos sacarlos de estos periodos como si lo que hicieran no tuviera importancia. La mejor manera de irlos llevando a la siguiente actividad es mediante el aviso previo. Unos diez minutos antes de que llegue la hora del baño se le avisa: `ya viene la hora del baño, en cinco minutos más dejamos de jugar y recogemos´. Es importante que verifiquemos que la niña o el niño se ha enterado y que nos de una muestra de ello. Un `vale´, `sí´, o `de acuerdo´ son suficientes. Al principio nos costará un poco más si están habituados a persuadir a los padres con el llanto; es aquí cuando papá y mamá tienen que actuar en una misma dirección y recordar que se ha hecho un acuerdo. Para estos primeros días conviene ir al horario gráfico y recordar qué es lo que sigue y mencionarle que mañana habrá tiempo para continuar con lo que se hacía.
Y por último les recuerdo la importancia del orden interno, tanto ideas como emociones deben ser cuidadas. Hay que impedir la entrada de violencia a nuestro hogar y vigilar nuestro vocabulario o la forma en la que nos dirigimos a los miembros de la familia; si damos posibilidad al diálogo o si sólo estamos propiciando la discusión y la sinrazón. Recordemos que el diálogo también ordena ideas, da posibilidad de potenciar un pensamiento crítico, creativo, reflexivo. Pero sobre todo nos conduce hacia la escucha, el respeto, la tolerancia y la inclusión.

domingo, 7 de marzo de 2010

El privilegio de ser padres



Toda ayuda innecesaria es un obstáculo en el crecimiento
María Montessori


Cada día somos más los padres y madres que nos acercamos a profesionales de la educación solicitando asesoría, apoyo o simplemente información. Deseamos tener más herramientas para acompañar a nuestros hijos en su formación. Muchas veces la dinámica familiar, el trabajo o el agotamiento no nos permiten observar con calma el origen de los problemas que se gestan en casa y nos perdemos en buscar soluciones rápidas a situaciones emergentes, por lo general relacionadas con la disciplina o los malos hábitos de sueño, alimentación, juego, etc. Esta tendencia a solucionar los problemas, antes que prevenirlos, nos impiden disfrutar de lo positivo de su crecimiento, dejamos de observar las habilidades que van adquiriendo y nos centramos en los berrinches o malas noches. Pero quizá el problema radica en el hecho de que ser padre o madre requiere de ciertas actitudes que no todos hemos fortalecido. Como cualquier habilidad, la actitud se puede ejercitar; propongo comenzar por aquellas que considero imprescindibles: 1. Confianza en la naturaleza bondadosa del niño y en nuestro instinto paternal. 2. Paciencia, ya que todo en el desarrollo del ser humano se completa; aquello que parecer no tener final no es sino una etapa que no volverá. 3. Respeto para cada niño, cada niña, pues cada uno posee un ritmo de aprendizaje diferente, tiene intereses diferentes, necesidades diferentes. 4. Constancia en el desarrollo de la voluntad (disciplina) de nuestros hijos e hijas, ya que de ello dependerá el fortalecimiento de su comprensión del mundo, de las leyes y normas que rigen las relaciones humanas y de la libre y adecuada elección. 5. Tranquilidad. En la medida en la que estemos serenos, nuestros hijos e hijas lo estarán también. Si logramos mostrar estas actitudes, podemos asegurar que la mitad del trabajo está logrado. Pero aún falta una parte muy importante, lo que en la educación montessori se conoce como `los tres pilares de la educación´. A aquellas mamás y papás que se acercan al colegio (o cualquier otro profesional de la educación) y solicitan tutoría o asesoría, se les pide que describan la forma en la que el hijo o hija llevan su rutina. Con sólo esa información es posible saber si los padres están cometiendo algún error que impida el desarrollo natural de sus hijos. Los adultos somos expertos en obstaculizarlo. Solemos adaptar su espacio y tiempo al nuestro. Somos muy poco respetuosos con sus necesidades. Les damos de comer cuando a nosotros nos viene bien, los dormimos cuando nos conviene, decoramos la casa de acuerdo a nuestros gustos y caprichos y no nos damos cuenta que sólo estamos alterando una armonía que se rebela por medio de rabietas que en la mayoría de las veces significan: respétame. Por lo mismo quiero compartirles estos tres pilares para que analicemos si hay algo en nuestra actitud o en nuestra manera de ejercer la paternidad que pueda provocar lo que en el día a día consideramos un problema. Les recuerdo, no hay niñas o niños malos, sólo hay padres despistados. Autoformación: Es esencial que los padres y madres se familiaricen con el desarrollo natural de sus hijos, informándose y preparándose antes de que cada etapa llegue. Por lo menos tiene que haber tres libros en casa que nos hablen del desarrollo. Ambiente preparado: Ordenar espacio (casa y en especial la habitación de los niños) de tal manera que nada obstaculice su desarrollo, no hay nada peor para el desarrollo psico-senso-motor que un lugar en el que no se puedan mover los niños, en el que no puedan tocar las cosas. Sus juguetes y material de trabajo (arte) deben estar organizados en cajones o canastos en los que puedan clasificar (muñecos, coches, trenes, animales, instrumentos musicales). Organizar su tiempo por medio de rutinas adaptadas a las necesidades del niño que den seguridad y certeza. Es muy importante respetar las horas de sueño para su edad (entre 10 y 12 horas antes de los 8 años). Actividades y material que procuren el desarrollo: Que los materiales (juguetes didácticos) y actividades que planeamos para los hijos supongan una ayuda y no un obstáculo o una distracción innecesaria. Si hay más de seis juguetes en la habitación no sólo no podrán organizarlos sino que les será difícil concentrarse por un periodo razonable en una sola actividad. Evitemos juguetes que emulen los dibujos animados, en cambio compremos puzzles, libros, cubos de madera, reproducción de animales, letras con imanes, pizarras, pelotas, pinturas… Y para terminar los invito a poner especial interés en la disciplina, entendiendo esta como el desarrollo de la voluntad: movimiento, pensamiento, emociones… La disciplina se va gestando desde los primeros meses, un niño, una niña, cuya vida esté ordenada, organizada, difícilmente mostrará mala conducta. Pero para ello debemos ser constantes, indicando desde el segundo semestre de vida la función de las cosas: `la mesa sirve para comer´; ejercitándoles la capacidad de seguir indicaciones: `lleva tu ropa sucia al cubo, porfavor´; motivándoles a realizar las cosas sin ayuda: `quitate los calcetines tu solita´, colaborando en casa: `ayuda a papá a poner la mesa´. Verán cómo son capaces de ir actuando con disciplina sin necesidad de obligar ni enfadarse. No olvidemos que lo más emocionante de la paternidad, es que de alguna manera somos testigos de la evolución de de nuestra especie a través del desarrollo de nuestros hijos e hijas. Y lo más bello es la recompensa del amor. Si somos capaces de trasmitir una filosofía de vida basada en la fortaleza de los lazos familiares, la solidaridad, la cooperación y el respeto mutuo (a pesar de las diferencias de carácter, inclinaciones, tendencias), tendremos una gran posibilidad de ser correspondidos.